El Kilkhor
(última parte)
- ¿Cómo puede matar alguien que no existe? – oí decir con toda claridad a la voz del que meditaba, mi fiel reflejo en la habitación reflejada-. ¿Porqué afirmas y crees que existe? ¿Porqué te aferras a una teoría falsa? ¿Has olvidado que es tu fe la que te hace invencible? Tu fe es su elixir… niégasela y volverá a ser materia muerta. ¡Niégalo! Me sentí inundado de fuerza, de alivio y luz, y de un infinito agradecimiento. Pude volver a respirar con libertad. Clavé mi mirada en el Kilkhor, entre cuyos dedos despiadados y fuertes pendía mi cuerpo entregado.- ¿Qué clase de fantasía ridícula es ésta que me agobia? ¿Qué clase de fantasma me persigue, de qué clase de sombra es de la que huyo? – le eché en cara, siempre sólo con mi pensamiento-. Tu vida no es más que humo, niebla y nubes que mi imaginación ha convertido en una estructura racional. Pero ahora ya está bien de juegos de sombras que yo mismo me he hecho creer! ¡Desapareced, engaños elementales! Recupero la fuerza y el calor y rompo el material de unión con el que habéis podido atarme. Detengo todo movimiento fuera del mío. Retiro, tirando de ellos, los hilos de conexión. Ya no posees ninguna clase de autonomía. Ya no puedes seguir respirando, porque es mi aliento el que late en ti. No tienes sangre, porque es mi sangre la que te mantiene con vida. Tu voluntad no alcanza siquiera para levantar tu mano, porque es sólo mi voluntad la que actúa en ti. Pero todo esto te lo quito ahora. Te había tomado prestado y ahora te devuelvo. ¡Regresa a tu pedestal y quédate rígido en aquella posición en la que te colocó tu creador!El kilkhor, cuyas manos durante esta orden mental habían caído inertes, se arrastró con pasos lentos hacia su pedestal. cuando hubo adoptado su postura, volvió su rostro hacia mí. En sus ojos muy abiertos había ira, había un terrible miedo y un convulsivo fuego que se extendió por su boca muy abierta y sus músculos tensos, mientras adoptaba de nuevo su posición original. Antes de que su mirada se apagara y su rostro se quedara rígido en una máscara inmóvil, escapó un grito horrendo de entre sus labios. Era un sonido que, cada vez más inarticulado y más exigente, estaba lleno de dolor y resistencia, un sonido que se hizo poco a poco más insoportable, hasta que se convirtió en un alarido que me devolvió de forma definitiva el estado de vigilia. Tuve que constatar profundamente horrorizado que ese grito animal y espeluznante salía de mi propia boca, y terminó de inmediato cuando fui consciente de ello. Me ardía la garganta, seca e inflamada por el esfuerzo.El Kilkhor estaba sentado inmóvil en su lugar, en la posición de meditación, y sus colores pintados sólo eran difícilmente visibles.Me levanté y me acerqué a él. Mis dedos tocaron una materia fría y dura. En algunos puntos de su rostro la pintura se había descascarillado, y bajo la capa resquebrajada se veía arcilla amarilla, que poco a poco se deshizo en polvo.Entonces volví a ver y oír al Maestro. Se me apareció para transmitirme todos los conocimientos de las cosas y de los procesos.Había llegado al punto por el que me había estado esforzando desde hacía medio siglo, por el que había estado dispuesto a asesinar, a sufrir, a luchar contra los demonios, a consumirme y convertirme en cenizas y a levantarme de nuevo: ahora ya era un Maestro.Los Maestros me habían aceptado en su Hermandad. Pero ese ser que ellos consagraron ya no tenía que ver con Hans Burgner, con aquel ansioso y pertinaz iluso que perseguía el sueño de la vida eterna y en cuya alma empezó el proceso místico.Hans Burgner había sido el plomo que s e había arrojado al crisol, en cuyo interior se había fundido bajo la acción del fuego gracias a las brasas de siglos y donde la fórmula de la experiencia y la consecuencia había transmutado a ese Burgner en la figura de Cornelius von Grotte, el Maestro. Éste ya no tenía ningún deseo en lo que se refería al mundo, y después de haber alcanzado el poder no deseaba utilizarlo…Pero todavía tenía que deshacerse de una culpa que, llegado a esta bifurcación del camino, le salía al encuentro.El Maestro está ante el último escalafón. Pero este penúltimo nivel presenta trabajosas tareas que requieren una gran perseverancia y paciencia, tareas en las que nunca se puede preguntar cuándo se ha llegado al final. Debe llevar hasta el fin determinadas cosas mediante servicios impersonales. El camino hasta el último nivel puede durar décadas, a veces incluso más de un siglo. La diferencia entre el Maestro y e Mago es más o menos la misma que existe entre un talento inteligente, instruido y aplicado, y el genio.